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El Atuel en pocas palabras


Imagine el lector un río vigoroso que atraviesa dos provincias argentinas: Mendoza y La Pampa. Discurre a lo largo de centenares de kilómetros, desde el filo de la cordillera del límite internacional con Chile hasta la llanura pampeana, plana y casi horizontal. Tiene muchos afluentes cordilleranos y al salir del ambiente de montaña no recibe más tributaciones. La llanura semiárida no tiene ríos que lo alimenten con sus aguas.

El primer acto de la historia tiene lugar en Mendoza. Allí le amputan uno de sus mayores contribuyentes, el Diamante, en 1809. El Atuel pierde así la mitad de su caudal, pero todavía subsiste copiosamente dotado. Hasta se lo declara navegable y algunos proponen canalizarlo para que Cuyo tenga una salida al atlántico sin depender del absorbente puerto de Buenos Aires.

E1 segundo acto transcurre en La Pampa. La conquista del General Roca despierta el optimismo de muchos, atraídos por las aguas permanentes del Atuel y del Chadileuvú. El antiguo "desierto" ya no es más desierto. Se puebla rápidamente; llegan los caminos y el telégrafo se acerca. Se implantan grandes estancias y colonias agrícolas. Este segundo acto es de "gloria" y prosperidad en el noroeste de La Pampa.

El tercer acto se compone de dos cuadros: En Mendoza, vale decir, aguas arriba, las cosas marchan con mayor rapidez y de modo distinto que en La Pampa .El río allí es intensamente sangrado. Al principio, todo paso inadvertido; pero, poco a poco, los canales derivadores son cada vez más numerosos, la población crece y el poder económico regional es abrumador.

Hacia la década del 30 se alcanza el máximo aprovechamiento de las aguas. El río queda exhausto. El segundo cuadro de este tercer acto ocurre en La Pampa: allí el curso es una complicada cicatriz en la gruesa epidermis del arenal, los bañados se secan, los animales huyen y los grandes árboles nutridos con las napas subterráneas también se secan total o parcialmente.

En este tercer acto, muestra el cuadro de la bíblica transformación de las aguas en Vino. Más allá del cuadro de riego se diseña otro milagro bíblico; pero es su antítesis, resultante de la acumulación apocalíptica de todas las adversidades. El resultado: se vuelve al "desierto "; pero esta vez no es un mero “despoblado”, es un desierto verdadero, cuyo destino final es un Sahara – o poco menos – o un “fachinal” inhabitable.

En el cuarto acto se presenta un nuevo personaje. Largamente anunciado en el desenvolvimiento anterior de la trama, gravito mucho en las decisiones de gobiernos y agricultores y, también, en las omisiones cometidas. Es personaje contradictorio: ominoso para unos, beneficioso para otros. Es el gran dique de El Nihuil, utilizado con una hidrocentral que aprovecha la abrupta caída de agua en aquel lugar. Otro dique, el de Valle Grande regulariza, aguas abajo, la entrega de caudales a la red de canales de riego.

Un cambio de escena en este mismo acto nos muestra el cauce inferior del Atuel, donde jamás llegan ya las aguas y el cual no puede confluir con el Salado. En algún año imprevisto, cuando los diques son impotentes para albergar el agua de superabundantes deshielos, los conductos naturales vuelven a llenarse hasta los extremos del sistema, como ha ocurrido en 1979.

Parecería que el río quiere demostrar así su derecho a la existencia interprovincial, pues los hombres, olvidadizos, de tanto no verlo con agua, niegan que haya corrido perennemente por La Pampa.

El quinto acto nos muestra en La Pampa Occidental el síndrome del desierto.

Los pampeanos abandonan lentamente la escena, dejando la obra de sus manos, sus trabajos y sus días. Aguas arriba aumenta la riqueza. Aguas abajo crece la pobreza. Todo es muy simple.

La riqueza aumenta en Mendoza. La pobreza del desierto, en La Pampa occidental.

Texto extraído del libro "HISTORIA DEL RÍO ATUEL" de Horacio A. Difrieri 

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